Archivos para 3/10/08

¿Es posible pensar a las marginaciones sociales en clave de derechos?

No solo que es posible sino que es necesario. ¿Cómo necesario? ¿Acaso las marginaciones no significan una ruptura con los mecanismos de inserción formal de las personas? Efectivamente, sin embargo la necesidad de aplicar un enfoque de derechos a la aproximación conceptual del amplio espectro de las marginaciones sociales se presenta como el primer paso para poder restituir poder a aquellas personas que han sido desplazadas del conjunto de oportunidades para integrarse en la sociedad que les toca vivir.

¿Cómo se aplica? En primer lugar es necesario conocer el denominado “enfoque de derechos” aplicado a las estrategias de desarrollo. Esto significa que se van a considerar el amplio conjunto de principios, reglas y estándares que integran el conjunto de derechos humanos fundamentales en el momento de fijar pautas y criterios para el diseño e implementación de estrategias de desarrollo sustentable y con mayor interés aún, en materia de políticas sociales. Estos estándares jurídicos (garantizar al menos el contenido mínimo de los derechos, no aplicar políticas regresivas sino progresivas, universalidad, participación ciudadana) y principios (como el de igualdad y no discriminación, acceso a la justicia, acceso a la información pública) se utilizan para desarrollar una matriz útil en la definición de las políticas y estrategias de intervención tanto de los Estados como de los actores sociales y las agencias de cooperación para el desarrollo, como también para el diseño de acciones para la fiscalización y evaluación de políticas públicas. A partir de este enfoque, resulta posible evaluar estándares mínimos de derechos contenidos en las actuales políticas de desarrollo como también en las políticas públicas, al tiempo que permite analizar los alcances del principio de igualdad, de participación social, de no discriminación y el “empoderamiento” (empowerment) de sectores vulnerados.

Siguiendo la argumentación principal de éste enfoque, el empoderamiento de los sectores excluidos comienza por reconocer que los mismos son titulares de derechos que generan obligaciones al Estado. Así este abordaje marca un punto de inflexión en la dinámica de los procesos sociales de las últimas décadas, particularmente las políticas sociales focalizadas promovidas por los organismos internacionales de asistencia crediticia y adoptados por diversas instancias gubernamentales. Por ende, uno de las formas de abordar la marginalidad consiste en analizar la gama de políticas, programas y proyectos de “combate” a la pobreza y asistencia a los sectores vulnerables, ya que estos debilitaron el vínculo entre Estado y destinatarios de políticas sociales, provocando en muchos casos la estigmatización de los ciudadanos como meros receptores de la asistencia del Estado y/o de las políticas. Esto que tanto se ha escuchado de los “beneficiarios” de las políticas sociales o de los planes de transferencias de ingresos.

Por el contrario, el enfoque de derechos busca contribuir a que los Estados puedan cumplir con las obligaciones que les compete en virtud de los mandatos incorporados en las Constituciones políticas, sus compromisos aplicados en los Pactos y Tratados Internacionales, que el caso de Argentina tienen jerarquía constitucional y el marco actual en que se desarrollan el conjunto de políticas, que en la mayoría de los casos distan de ser respetuosas de los derechos humanos. Se trata de cómo los Estados logran restituir el ejercicio de los derechos económicos, sociales y culturales (DESC) y del conjunto de derechos humanos en general.

De esta forma, más allá de la retórica de derechos que en algunos casos se sostiene, las reformas estructurales aplicadas durante los años ochenta y noventa, transformaron el modelo de acumulación, la lógica de distribución de la riqueza, pero también las capacidades y oportunidades de la población, las que son claramente residuales. En múltiples sentidos la pobreza se profundizó por la aplicación de las políticas heterodoxas de cuño neoliberal en donde, no solo se transformó la lógica de funcionamiento del Estado en materia económica, sino particularmente política y social y desembocó en que la marginación social sea una suerte de “contingencia social” que solo puede ser abordada por el conjunto de la sociedad.

Entonces, cobra sentido interrogarnos si podemos pensar que es viable implementar un enfoque de derechos en países como Argentina que se caracteriza por los altos contrastes y por la inequidad? Y aquí no caben eufemismos: no solo es posible sino que es una obligación jurídica que tienen los Estados. Esto es, están obligados a hacerlo.

El camino que el enfoque de derechos marca es de enorme potencialidad no solo para lograr una mayor institucionalidad en las políticas sociales, sino para superar contextos de marginación, pobreza e inequidad. Pero solo con derechos no es suficiente, se requiere asimismo de un enorme compromiso político y social. A generar el consenso en post del respeto de los derechos humanos estamos todos convocados.

Laura Pautassi
Investigadora Conicet-Instituto Gioja, Facultad de Derecho Universidad de Buenos Aires

MARGINACIONES SOCIALES Y RESISTENCIAS

Margarita Robertazzi (Facultad de Psicología)

El Programa sobre Marginaciones Sociales de la Universidad de Buenos Aires comenzó con un debate acerca de su propia denominación.
Indudablemente, investigadores e investigadoras de distintas unidades académicas, celebramos esta iniciativa de la universidad pública de ponerse al frente de su responsabilidad social, al abordar uno de los efectos más críticos producidos por la actual etapa del capitalismo: el número creciente de personas que quedan al margen y en los márgenes de los derechos igualitarios proclamados en la modernidad.
La denominación de marginaciones sociales, en plural, resultó la más adecuada para dar cuenta del aspecto diverso, inacabado y procesual, en el que los efectos de las tensiones inclusión-exclusión producen subjetividades dislocadas. Ya se trate de diferencias étnicas, religiosas, económicas, culturales, ideológico-políticas, sexuales, de género, entre otras.
La pluralidad de problemáticas que puede y debe abordar un programa con estos propósitos resulta de tal complejidad que requiere de referencias múltiples, provenientes de distintas disciplinas.
Uno de los rostros de las marginalizaciones sociales es el que produce la pobreza, la que resulta atentatoria contra la vida misma y su reproducción. Desde el punto de vista de la psicología, y más específicamente de la salud mental, no es tarea sencilla concebir la salud de personas carenciadas, con difícil acceso a la alimentación, al trabajo, a la vivienda, a la educación, a los mismos servicios de salud. Violencias capaces de multiplicar otras expresiones violentas.
En el contexto de la globalización periférica, luego de tres años de agudísima recesión y tres décadas de sostener un modelo económico para pocos, germinaron, no obstante, en nuestro país un abanico de movimientos sociales que resisten la exclusión, con mayor o menor grado de visibilidad y con propuestas más o menos vitales.
Frente a la pauperización, algunos sectores desarrollaron acciones sociales novedosas, evidenciando transformaciones subjetivas e intersubjetivas, lo que les permitió hacer oír su voz en el espacio público, pasando así de la periferia, o los márgenes, al centro de la escena pública.
Entre muchos otros grupos, se encuentran cartoneros y cartoneras, desplegando sus tareas en el centro de la ciudad; vendedores/as de la revista “Hecho en Buenos Aires”; trabajadores/as que recuperaron sus propias empresas vaciadas y las pusieron nuevamente a producir.
Algunos colectivos mostraron posiciones conformistas o fatalistas; otros esperaron la antigua asistencia, muchas veces mesiánica; y hubo sectores que decidieron enfrentar los problemas con sus propios y, a veces, escasos recursos. A distintos modos de resistencia parecen corresponderles distintos desenlaces: algunos son vitalmente multiplicadores, mientras que otros conllevan dimensiones mortíferas .
Las diferentes posiciones subjetivas e intersubjetivas abren un campo de interés para distintas disciplinas, entre ellas para una psicología social histórica, que es al mismo tiempo cultural y política.
Lo que celebramos es que se propicie un tipo de investigación que permita dar cuenta de la experiencia histórica de sujetos y colectivos que, en un contexto de modernización excluyente, alzan la voz para obligarnos a reflexionar en la insuficiencia de un consenso democrático, si no da lugar, como tarea ética, a los distintos conflictos que lo habitan, escuchando con atención las voces de quienes están más silenciados.



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