Archivos para 27/05/08

Las marginaciones sociales en el mundo del trabajo

La estrecha vinculación que existe entre los cambios estructurales de fines del siglo XX y el quiebre regresivo de las oportunidades de movilidad socio-ocupacional es una idea fuerza ampliamente aceptada en el discurso tanto académico como público. Avala esta línea del diagnóstico una amplia estadística social que describe detalladamente el alcance del problema en términos de pobreza, desempleo, precariedad laboral y desigualdad. Sin embargo, cabe advertir que por mucho que el deterioro haya sido visualizado a través de sus consecuencias socialmente indeseables, esto no implica una comprensión acertada de la problemática de fondo.
En tal sentido, no sorprende que las ciencias sociales no dispongan todavía de una explicación al porqué los logros educativos alcanzados por las nuevas generaciones, las significativas mejoras en las tasas de empleo, los sistemáticos aumentos de salarios y la reactivación de las convenios colectivos, la mayor inversión pública orientada a mejorar la infraestructura y los servicios sociales, la mayor masa de ingresos que se transfiere actualmente a través de programas sociales, entre otros factores, todos ellos tomados de manera conjunta en sus efectos distributivos, no logren erradicar la pobreza y superar la fragmentación social.
Esta aparente paradoja se esclarece cuando se reconoce la emergencia histórica en la Argentina de una nueva matriz económico-social más segmentada, desigual y subordinada que la vigente hace tres décadas atrás, la cual es capaz de fluctuar siguiendo los ciclos económicos pero sin que ello implique cambios cualitativos en términos de progreso y movilidad ascendente para los sectores sociales más rezagados. De nuestros hallazgos de investigación surge como un hecho objetivo la subsistencia de múltiples y variadas expresiones de marginalidad que funcionan como una condición estructural suficientemente integrada al resto del sistema económico y político. Al menos, tales hallazgos permiten poner en duda los argumentos que a manera de “espejismo” sostienen que la actual fase político-económico ha puesto en vigencia un cambio cualitativo de rumbo; a la vez que exigen continuar investigando los entramados sociales y mecanismos institucionales que hacen posible esta reproducción social de la marginalidad.

Agustín Salvia

Reproducción social de la nueva marginalidad urbana. Proyecto Agencia-FONCyT – PICT 33737.
Programa Cambio Estructural y Desigualdad Social / Instituto de Investigaciones Gino Germani
Facultad de Ciencias Sociales, UBA

Marginaciones

¿Por qué será que los temas de infancia y adolescencia –principalmente los primeros- despiertan un interés especial? Tanto a la gente en general –también me refiero a los medios de comunicación de gran incidencia en la delimitación y materialización del llamado “imaginario social”, como a los investigadores y quienes están en la acción cotidiana, el tema de la infancia genera una cierta “atracción” (muchas veces, cercana a la “atracción fatal”, lo cual es altamente peligroso hasta dañino).
Esta es una de las tantas inquietudes que me genera la repercusión que ha tenido “la puesta en acto” del Programa de Marginaciones Sociales que se desarrolla en el marco de la Secretaría de Investigación de la Universidad de Buenos Aires.
Sin lugar a dudas, “las marginaciones sociales” constituye un nudo (o una maraña de nudos) problemáticos de tinte transversal, inter- multi o transdisciplinar (como se le quiera decir) y complejo, precisamente, las mismas dimensiones que le caben a la cuestión de la infancia y la adolescencia. Es por ello que las problemáticas que azotan o deben enfrentar este modo de clasificar a la sociedad (una manera, como tantas otras, en este caso fundado en la edad y el desarrollo madurativo de las personas) no podía quedar afuera. ¿Pero dentro de cuál de los 5 ejes o componentes del Programa se incluye esta temática? ¿Educación, el complejo Salud-enfermedad, Territorio, Trabajo/producción o Violencias? Todos y cada una de ellas, porque desde una mirada integral como la que propone –de manera obligada- la doctrina internacional de los derechos humanos, la violación del derecho a la educación, el derecho a la salud, el derecho a un lugar –mucho más que una vivienda digna-, el derecho a una calidad de vida, el derecho a la no violencia –entre otros- de niños y adolescentes constituyen abiertas situaciones de “marginaciones sociales”.
Este Programa, en mi opinión, nace de “necesidades” y “desafíos” que toda institución con un “piso mínimo” de compromiso social como la Universidad pública, debe movilizar y generar de manera constante. La fuerza de estos dos elementos: “necesidad” y “desafíos”, son los que han llevado al Programa a problematizar e invitar a producir conocimiento científico sobre qué es de las marginaciones sociales en infancia y adolescencia, cuestión muy diferente y bien alejado de la infancia y adolescencia marginada. Por lo tanto y como punto de partida: es una necesidad y todo un desafío. El marco o mapa institucional está. Ahora resta empezar a transitar un camino, acción que podrá traer consigo la de deshacer o “de-construir” unos cuantos senderos para construir uno o varios diferentes. Tarea nada sencilla pero, de seguro, muy oportuna. Como bien se ha dicho: “No hay nada más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo” (Víctor Hugo) ¿Serán las “marginaciones sociales” una idea-núcleo y su momento para poner en crisis “la cuestión social” y dentro de ella, la cuestión de la infancia y la adolescencia? Nuevamente será el tiempo, quien tendrá algo para decirnos.

Marisa Herrera

Territorio y marginaciones sociales: una relación compleja y estratégica.

Las desigualdades en la producción, distribución, acceso y control del espacio son causa y consecuencia de la existencia y reproducción de la marginalidad social, económica, cultural y política. Tiene muchos rostros y diversas variantes la marginalidad… rostros que arrastran nombres, identidades y sentires, entretejiéndolos en el deterioro de las condiciones de ingreso, trabajo, educación, salud, vivienda y hábitat, en la reproducción de jerarquías basadas en el género, en la desarticulación simbólica de la memoria y la temporalidad histórica como hilo conductor de las vidas cotidianas de una miríada de sectores sociales afectados por estos procesos.

Las transformaciones territoriales no son sólo escenario, sino sobre todo medio privilegiado de su producción activa.  Ejemplos de estos días (y décadas): la  expulsión de población rural de sus tierras por avance de cultivos de alta rentabilidad, la degradación del medio ambiente rural y urbano que acompaña estos procesos, las migraciones forzosas (con el trauma silencioso, “privado” y poco “heroico” del exilio económico), la expulsión de la población urbana a localizaciones cada vez peores, presionados por la ley de hierro de la liberalización del suelo urbano, la especulación del mercado inmobiliario y la falta de opciones de políticas. El desarraigo resultante y el desconocimiento de los derechos de estos sectores, incluido el de la preexistencia de las comunidades aborígenes,  algunas que, ahora mismo, están muriendo a la vera vista de la frontera sojera (y nuestra pequeña impotencia).

En esta Argentina desigual, una misma forma de marginación, gestada a lo largo de varias décadas de desarrollo capitalista neoliberal, puede manifestar diferentes expresiones, causas y consecuencias, moldeadas en cada particular localización territorial. Cada lugar, cada ámbito, cada territorio, implica una específica estructura social y particulares relaciones de poder espacializadas.

El territorio entonces, expresa una construcción social activa y compleja. El territorio- urbano, rural o “rur-urbano”- ancla indefectiblemente la vida cotidiana de las poblaciones en campos de conflictos en los que poderosos jugadores compiten para lograr mayores ganancias mientras que aquellos que tienen menor poder, usan el mismo espacio para sobrevivir e intentar reproducir sus familias y a veces, en ciertos momentos de la Historia, para resistir,  desafiar y proponer otro orden de cosas.

 

Por ello el territorio es también sitio de batalla de la lucha de clases y una incubadora de problemas sociales y políticos que generan movimientos sociopolíticos. El territorio, entonces, ofrece y genera limitaciones, pero también posibilidades para cada actor, individual o colectivo que, con su capital social, económico y cultural despliega su accionar en el ámbito socioespacial donde vive, trabaja, estudia, milita políticamente, proyecta y sueña…

El territorio también es medio para la construcción social, defensa u olvido de derechos. Su estado de la cuestión expresa las condiciones históricas de reproducción de los sectores sociales sometidos en procesos de marginación. Muchos parecieran no tener consecuencias prácticas, pero están ahí y son cíclicamente activados por los actores y movimientos de base territorial: el derecho a la vivienda digna y adecuada, el derecho a la ciudad, el derecho a la tierra para los productores con un modelo ecológicamente sustentable, el derecho a disponer del agua, el derecho a la tierra de las comunidades originarias, el derecho a desplazarse libremente…

El territorio plantea, en síntesis, el vínculo nodal entre recursos naturales, pobreza, marginalidad, exclusión y trabajo.

Por ello es en el territorio, finalmente, donde se manifiestan las condiciones de producción, apropiación y resignificación que hacen a las posibilidades de reversión socio política de los procesos que han configurado y configuran el mapa complejo de las marginaciones sociales:  manifestaciones “naturales” (accesibilidad a los recursos estratégicos: agua, fuentes de energía, entre otros),  materiales (equipamiento, infraestructuras para diversos usos y necesidades sociales: habitacionales, productivas, de servicios, recreativas, entre otras), simbólicas (símbolos, leyes, discursos) y de representación (mapas, gráficos).

El estudio y la investigación desde una perspectiva pluralista, interdisciplinaria y que aborde la complejidad, la construcción de objetos que incorporen las perspectiva de los actores sociales afectados como parte activa de las búsquedas de “soluciones”, y la capacidad de formular propuestas factibles para aportar a la reversión de problemas concretos, hacen al desafío de la investigación promovida por la Universidad Pública  en este campo para superar la pobreza, contra la exclusión y por la igualdad de condiciones y derechos.

Dra. María Carla Rodríguez
Investigadora Conicet
Instituto de Investigaciones Gino Germani – FSOC-UBA



Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.