La estrecha vinculación que existe entre los cambios estructurales de fines del siglo XX y el quiebre regresivo de las oportunidades de movilidad socio-ocupacional es una idea fuerza ampliamente aceptada en el discurso tanto académico como público. Avala esta línea del diagnóstico una amplia estadística social que describe detalladamente el alcance del problema en términos de pobreza, desempleo, precariedad laboral y desigualdad. Sin embargo, cabe advertir que por mucho que el deterioro haya sido visualizado a través de sus consecuencias socialmente indeseables, esto no implica una comprensión acertada de la problemática de fondo.
En tal sentido, no sorprende que las ciencias sociales no dispongan todavía de una explicación al porqué los logros educativos alcanzados por las nuevas generaciones, las significativas mejoras en las tasas de empleo, los sistemáticos aumentos de salarios y la reactivación de las convenios colectivos, la mayor inversión pública orientada a mejorar la infraestructura y los servicios sociales, la mayor masa de ingresos que se transfiere actualmente a través de programas sociales, entre otros factores, todos ellos tomados de manera conjunta en sus efectos distributivos, no logren erradicar la pobreza y superar la fragmentación social.
Esta aparente paradoja se esclarece cuando se reconoce la emergencia histórica en la Argentina de una nueva matriz económico-social más segmentada, desigual y subordinada que la vigente hace tres décadas atrás, la cual es capaz de fluctuar siguiendo los ciclos económicos pero sin que ello implique cambios cualitativos en términos de progreso y movilidad ascendente para los sectores sociales más rezagados. De nuestros hallazgos de investigación surge como un hecho objetivo la subsistencia de múltiples y variadas expresiones de marginalidad que funcionan como una condición estructural suficientemente integrada al resto del sistema económico y político. Al menos, tales hallazgos permiten poner en duda los argumentos que a manera de “espejismo” sostienen que la actual fase político-económico ha puesto en vigencia un cambio cualitativo de rumbo; a la vez que exigen continuar investigando los entramados sociales y mecanismos institucionales que hacen posible esta reproducción social de la marginalidad.
Agustín Salvia
Reproducción social de la nueva marginalidad urbana. Proyecto Agencia-FONCyT – PICT 33737.
Programa Cambio Estructural y Desigualdad Social / Instituto de Investigaciones Gino Germani
Facultad de Ciencias Sociales, UBA